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El casco es la única vacuna contra el trauma carebral
No es un trámite ni una exageración; es la diferencia entre volver a casa o no hacerlo. Desde el quirófano, la escena se repite con crudeza. La mayoría de los traumatismos graves en motocicleta podrían evitarse. No previene el choque, pero sí puede salvar su vida y su identidad.
No se trata de un accesorio ni una molestia burocrática; es la única barrera real entre una recuperación y una lesión irreversible.
A lo largo de mi vasta experiencia como neurocirujano, pude detectar una realidad alarmante: más allá de las enfermedades degenerativas o los tumores hoy una de las principales amenazas para la integridad del cerebro es transitar en moto sin casco.
En el quirófano compruebo a diario que la mayor causa de daño cerebral evitable no proviene de una patología interna, sino del impacto seco contra el asfalto que se podría haber mitigado con la protección adecuada.
Es impresionante y, sinceramente, agotador ver que esto ocurre con una frecuencia que ya no podemos llamar "accidental". Lamentablemente se convirtió en una constante en nuestra práctica médica, particularmente ligada a los incidentes en motocicleta.
Las estadísticas son contundentes y muestran una realidad crítica tanto en Corrientes como a nivel nacional. En el país estiman que el 70% de los motociclistas que mueren en accidentes no utilizaban el casco o lo hacían de forma incorrecta (suelto o sin abrochar). No usar casco aumenta tres veces el riesgo de sufrir lesiones cerebrales graves y cuatro veces el riesgo de muerte.
En otras palabras, el casco no evita el accidente, pero cambia drásticamente el resultado médico.
Muchos pacientes o sus familias me dicen "pero él manejaba con cuidado" o "iba acá nomás, a la vuelta". Y ese es el error conceptual más peligroso. Usted puede ser el conductor más cauteloso del mundo, puede circular a 20 km/h disfrutando del paisaje, pero la calle es un sistema compartido.
Basta con que un tercero no lo vea en una esquina o cometa una imprudencia para que usted termine en el suelo. Y en esa caída, lo primero que suele golpear es la cabeza.
El cerebro está protegido por una bóveda ósea, el cráneo, que es una maravilla de la ingeniería natural, pero no es indestructible. Ante un impacto contra el cordón de la vereda o el chasis de un auto esa protección no alcanza.
En este contexto, me parece inevitable pensar que las campañas de prevención vial todavía se quedan cortas frente a la magnitud de lo que vemos en las guardias. No quiero que me visiten en el hospital por un traumatismo evitable.
El cerebro es el órgano que nos hace ser quienes somos: nuestras memorias, nuestra capacidad de vivir, de movernos y de pensar están allí. No lo deje a merced de la suerte. El casco no es un accesorio, es la única barrera real que tengo yo para poder ayudarlos si algo sale mal.
Por favor, se lo pido como alguien que ve las consecuencias de no usarlo todos los días de su vida: Si se sube a una moto use casco.
Un aporte del Dr. Martin Olivetti, para Diario “Época”.
Neurocirujano. Desde hace más de 20 años es médico del servicio de Neurocirugía del Hospital Escuela.
Trabajó en el Hospital Militar Central, Buenos Aires, Argentina. En Francia en FFI (Faisant Fonction Interne rémunerée) del Servicio de Neurocirugía Hospital Pontchaillou, CHRU Rennes.
Actualmente es miembro titular de la Asociación Argentina Neurocirugía. Miembro de la Federación Mundial de Sociedades/Asociaciones de Neurocirugía. presidente de la Asociación Correntina de Neurocirugía y secretario de la CD Federación Argentina de Neurocirugía.
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